Historia de la literatura argentina

La literatura argentina conforma un universo denso y complejo que ha funcionado históricamente como motor de reflexión sobre la identidad, la política y la sociedad del país. Desde las obras constitutivas de la nacionalidad en el siglo XIX hasta la proyección universal de sus narradores contemporáneos, la producción escrita argentina destaca por su constante innovación formal y su profunda lucidez crítica.

13/08/2026 · Actualizado: 19/08/2026

Agregar "HISTORIA ARGENTINA" en Google
Agrega a HISTORIA ARGENTINA a tus fuentes preferidas en Google

La historia de la literatura en el territorio de la República Argentina constituye un proceso intelectual y estético indisolublemente ligado a la formación, consolidación y crisis de la sociedad y del Estado nacional. Desde las primeras crónicas coloniales y las manifestaciones poéticas de la época virreinal hasta la vasta producción contemporánea, las letras compuestas en la región han servido como campo de ensayo para la construcción de identidades colectivas, la crítica política, la experimentación formal y la reflexión sobre la condición humana. La trayectoria de esta tradición literaria destaca por su permanente tensión entre las influencias del pensamiento europeo y la búsqueda de un registro expresivo singular capaz de dar cuenta de la geografía, los conflictos sociales y los dilemas existenciales propios del ámbito rioplatense.

El análisis historiográfico de las letras argentinas evidencia cómo la creación verbal ha acompañado los grandes jalones de la historia nacional, actuando con frecuencia no como mero reflejo pasivo de los acontecimientos, sino como fuerza activa modeladora de la realidad. El proyecto ilustrado de los fundadores de la nación, las encarnizadas disputas entre unitarios y federales, la emergencia de la figura del gaucho y la masa inmigratoria, los procesos de urbanización y modernización, así como los períodos de censura, dictadura militar y posterior reconstrucción democrática, encontraron en la literatura su canal de expresión y teorización más profundo. A través de este devenir, la literatura producida en la República Argentina ha alcanzado una notable proyección internacional, convirtiéndose en una de las manifestaciones culturales más influyentes del ámbito hispanoamericano.

Contenido

Orígenes virreinales y antecedentes coloniales

Los antecedentes más remotos del corpus literario en el territorio rioplatense se retrotraen al período de la dominación hispánica bajo el Virreinato del Perú y la posterior creación del Virreinato del Río de la Plata. Las primeras manifestaciones escritas adoptaron la forma de crónicas de indias, cartas de relación y diarios de viaje redactados por conquistadores, exploradores y religiosos. En estas obras, la naturaleza desconocida, los enfrentamientos con los pueblos originarios y los avatares de la colonización constituyeron los núcleos temáticos predominantes. En este contexto incipiente destaca la figura del arcediano Luis de Tejeda, considerado por la historiografía como el primer poeta nacido en el actual territorio argentino, cuyos textos del siglo XVII, de marcado carácter confesional y barroco, reflejaron la impronta de la lírica del Siglo de Oro español.

Durante el siglo XVIII y principios del XIX, el establecimiento de instituciones de enseñanza superior como la Universidad Real de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat en Córdoba y la llegada de la imprenta al ámbito colonial catalizaron una mayor circulación de ideas. La literatura de esta época comenzó a despegarse progresivamente de la ortodoxia netamente religiosa para incorporar preceptos de la Ilustración, el neoclasicismo y la sátira de costumbres. Autores como Manuel José de Lavardén, autor de la oda Al Paraná y de la tragedia Siripo, inauguraron una vertiente poética que exaltaba la geografía autóctona y abordaba motivos dramáticos locales, sentando las bases de una conciencia territorial que prefiguraría las inquietudes independentistas.

La literatura del período revolucionario y la poesía gauchesca inicial

El estallido de la Revolución de Mayo en 1810 y el subsecuente proceso de independencia transformaron de manera radical la función del texto escrito, orientando la literatura hacia la agitación política, el encendido de la causa patricia y la fundamentación del nuevo orden institucional. Poetas como Vicente López y Planes, autor de la letra del Himno Nacional Argentino, y Esteban de Luca compusieron marchas patrióticas y odas heroicas impregnadas de retórica neoclásica para exaltar las victorias militares sobre las fuerzas realistas en la Guerra de la Independencia Argentina. La literatura operó durante este tramo como una herramienta de propaganda y cohesión ideológica al servicio de los gobiernos revolucionarios instalados en Buenos Aires.

En este mismo período histórico comenzó a gestarse un fenómeno estético singular: la poesía gauchesca. Surgida en las márgenes de la cultura letrada urbana, esta corriente consistió en la adopción deliberada de la voz, el léxico, los ritmos y las preocupaciones del habitante rural de la pampa —el gaucho— por parte de escritores cultos de orientación política patriótica o bando militante. Su principal iniciador fue el uruguayo Bartolomé Hidalgo, quien con sus cielitos y diálogos patrióticos introdujo la perspectiva campesina en las luchas independentistas. Posteriormente, autores como Hilario Ascasubi y Esteban Echeverría emplearon esta variante estilística para intervenir en las guerras civiles, utilizando el verso gauchesco como vehículo de sátira política y crítica social contra las facciones rivales.

El Romanticismo y la Generación del 37

La década de 1830 presenció la irrupción de la Generación del 37, un colectivo de jóvenes intelectuales influenciados por el Romanticismo europeo y el pensamiento social francés que buscó formular un proyecto de organización nacional de corte liberal y progresista. Liderados por Esteban Echeverría, quien había entrado en contacto con el movimiento romántico durante su estancia en París, este grupo fundó la Asociación de la Joven Argentina y promovió una renovación teórica que postulaba la necesidad de crear una literatura genuinamente nacional, desvinculada de la tutela académica de España. Echeverría introdujo la poética romántica con su poema narrativo La cautiva y redactó El matadero, considerado el texto fundador de la narrativa de ficción en la República Argentina, donde mediante una cruda alegoría criticaba la violencia del régimen de Juan Manuel de Rosas.

La oposición al gobierno rosista impulsó al exilio a la gran mayoría de los integrantes de este grupo, convirtiendo la experiencia del destierro en el motor de una vasta producción literaria y ensayística en países como Chile, Uruguay y Brasil. Desde Santiago de Chile, Domingo Faustino Sarmiento publicó en 1845 Facundo o civilización y barbarie, obra cúspide del ensayismo hispanoamericano que articuló un diagnóstico sociopolítico sobre la realidad argentina mediante la yuxtaposición de biografía, geografía, sociología y literatura. Por su parte, José Mármol redactó en Montevideo la novela Amalia, una de las primeras obras narrativas de gran aliento en la región, donde se entretejían el folletín sentimental, la denuncia política contra el gobierno porteño y el retrato minucioso de la sociedad de la época.

Consolidadación del Estado y culminación de la literatura gauchesca

Tras la caída de Juan Manuel de Rosas en la Batalla de Caseros en 1852 y la promulgación de la Constitución Argentina de 1853, el campo literario acompañó el complejo proceso de pacificación e integración territorial. La reflexión sobre la organización institucional tuvo en Juan Bautista Alberdi a su exponente doctrinal más destacado con sus Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina. Al mismo tiempo, la lírica romántica continuó desarrollándose a través de la obra de poetas como Olegario Víctor Andrade y Rafael Obligado, este último célebre por su poema Santos Vega, en el que estetizó y nacionalizó las leyendas populares del campo bonaerense bajo una métrica cuidada.

Sin embargo, el hito más perdurable del período fue la consolidación y apogeo de la poesía gauchesca a través de la obra de José Hernández. En 1872, Hernández publicó El Gaucho Martín Fierro, seguido en 1879 por La vuelta de Martín Fierro. El poema épico denunciaba la marginación, el reclutamiento forzoso en la frontera contra el indio y los abusos estatales ejercidos contra los gauchos en el marco del proyecto de modernización liberal encabezado por las élites urbanas. La historiografía literaria coincide en señalar a la obra de Hernández como la cima del género gauchesco y, según lecturas críticas posteriores como las de Leopoldo Lugones y Jorge Luis Borges, como el poema nacional por excelencia de la República Argentina.

La Generación del 80 y la narrativa del cambio de siglo

La década de 1880 marcó la consolidación del Estado nacional oligárquico, la llegada masiva de inmigrantes europeos y la acelerada transformación urbana e industrial de Buenos Aires. La llamada Generación del 80, integrada por políticos, diplomáticos y hombres de letras de la élite gobernante, produjo una literatura caracterizada por el tono autobiográfico, la crónica de viajes, el ensayo de costumbres y la influencia del naturalismo y el realismo europeo. Autores como Lúcio V. Mansilla, en su monumental obra de memorias y crónicas Una excursión a los indios ranqueles, y Miguel Cané, con su clásica novela de formación Juvenilia, retrataron los dilemas socioculturales de una sociedad en rápida transición.

Te puede interesar:  Yacimientos Carboníferos Fiscales

Paralelamente, la irrupción del positivismo y de las tensiones derivadas de la inmigración masiva dio origen a la novela naturalista y social. Escrito por Eugenio Cambaceres, el corpus narrativo compuesto por obras como Música sentimental, Sin rumbo y En la sangre examinó la decadencia de las clases patricias, las patologías urbanas y los conflictos de integración de los inmigrantes en el tejido social argentino. Asimismo, Julio Martel abordó en su novela La bolsa la especulación financiera y la transformación cosmopolita de la capital nacional. Esta narrativa puso de manifiesto las fisuras ideológicas y las ansiedades elitistas frente al surgimiento de nuevos actores sociales en el mapa demográfico del país.

Modernismo y la renovación del centenario

A fines del siglo XIX y comienzos del XX, el surgimiento del modernismo, acaudillado a nivel continental por el nicaragüense Rubén Darío —quien residió varios años en Buenos Aires y colaboró de manera decisiva en el diario La Nación—, transformó la poética hispanoamericana mediante la búsqueda de la belleza formal, el preciosismo verbal y la autonomía del arte. En la República Argentina, la figura dominante de esta renovación fue Leopoldo Lugones, cuya vasta obra abarcó desde el lirismo suntuoso de Las montañas del oro y Los crepúsculos del jardín hasta la experimentación poética de Lunario sentimental. Lugones también incursionó con maestría en el relato fantástico a través de su libro Las fuerzas extrañas, sentando precedentes clave para la literatura especulativa posterior.

El clima intelectual asociado a las celebraciones del Centenario de la Revolución de Mayo en 1910 impulsó una profunda revisión sobre la identidad cultural de la nación. En este marco, Leopoldo Lugones dictó una serie de conferencias reunidas bajo el título El payador, donde consagró al Martín Fierro como el poema épico de la nacionalidad argentina. Simultáneamente, ensayistas de renombre como Manuel Gálvez y Ricardo Rojas indagaron en la esencia del ser nacional, contraponiendo el espiritualismo de las provincias al cosmopolitismo porteño. En la narrativa, Manuel Gálvez desarrolló una extensa obra de corte realista con novelas como El mal metafísico y La maestra normal, que retrataban la vida provinciana y los dilemas de las clases medias urbanas.

Las vanguardias de la década de 1920: Florida y Boedo

Reunión del Grupo Florida

La década de 1920 presenció una profunda ruptura con las formas literarias heredadas mediante la aparición de los movimientos de vanguardia, caracterizados por el rechazo de la retórica académica, la innovación formal y la adopción de manifiestos estéticos. La escena literaria porteña se polarizó en torno a dos grupos fundamentales, cuyas diferencias giraban en torno a la función del arte y el compromiso social. El Grupo Florida, que se reunía en torno a revistas como Proa y Martín Fierro, preconizaba la autonomía artística, la renovación del lenguaje poético, la metáfora audaz del ultraísmo y el cosmopolitismo formal. Entre sus figuras más descollantes figuraron el joven Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Ricardo Güiraldes y Norah Lange.

Por su parte, el Grupo Boedo, articulado en torno a la Editorial Claridad y a la revista Los Pensadores, abogaba por una literatura comprometida con las luchas de la clase trabajadora, la crítica al capitalismo y la denuncia de las desigualdades sociales, bajo la influencia del realismo ruso y el pensamiento de izquierda. Autores como Elías Castelnuovo, Álvaro Yunque y Roberto Mariani fueron exponentes de esta vertiente. No obstante, la figura señera que sintetizó la fuerza expresiva de la época al margen de esquemas rígidos fue Roberto Arlt. Con sus novelas El juguete rabioso, Los siete locos y Los flamantes, así como con sus célebres Aguafuertes porteñas, Arlt retrató con una prosa visceral, angustiada y moderna los bajos fondos urbanos, la marginalidad, la alienación de las clases populares y la decadencia ética de la Buenos Aires de la época.

En el ámbito poético de este decenio destaca de igual modo la labor de Oliverio Girondo, cuyos libros Veinte poemas para ser leídos en el tranvía y Calcomanías revolucionaron la métrica y la imaginería lírica, mientras que en la narrativa rural, Ricardo Güiraldes publicó en 1926 Don Segundo Sombra. Esta última obra representó la transfiguración mítica y elegíaca del mundo gauchesco desde una sensibilidad refinada y moderna, convirtiéndose en uno de los pilares de la narrativa del período.

La invención de la literatura fantástica y el grupo Sur

Reunión fundacional de Sur

A lo largo de los años treinta y cuarenta, la literatura argentina experimentó un proceso de consolidación conceptual y sofisticación estética de trascendencia universal. Un hito decisivo en este desarrollo fue la fundación en 1931 de la revista y posterior sello editorial Sur por parte de Victoria Ocampo. La plataforma institucional de Sur funcionó como un puente cultural entre América Latina, Europa y Estados Unidos, promoviendo la traducción de autores fundamentales de la literatura internacional e impulsando a una brillante cohorte de ensayistas, poetas y narradores locales. Entre los colaboradores centrales de esta empresa intelectual destacaron Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, José Bianco y Eduardo Mallea.

Durante esta etapa se gestó la vertiente clásica del relato fantástico y de la literatura policial en la República Argentina. Jorge Luis Borges revolucionó la narrativa mundial con sus colecciones de cuentos Ficciones y El Aleph, donde mediante una síntesis magistral de erudición filosófica, juegos de espejos, laberintos, bibliotecas infinitas y rigor geométrico, refundó las posibilidades del género narrativo. Por su parte, Adolfo Bioy Casares publicó en 1940 La invención de Morel, obra cumbre de la literatura fantástica ponderada por la crítica internacional por su impecable estructura narrativa. Ambos autores colaboraron estrechamente en proyectos conjuntos, utilizando seudónimos como H. Bustos Domecq para cultivar la sátira y el relato policial deductivo.

Simultáneamente, la poesía del período se orientó hacia la búsqueda introspectiva, la angustia existencial y la depuración del lenguaje. Autores de la llamada Generación del 40, entre los que figuraban Olga Orozco, Enrique Molina, Alberto Girri y Wilcock, desarrollaron poéticas marcadas por el surrealismo, la metafísica y el neorromanticismo, en paralelo al ensayismo introspectivo de Eduardo Mallea, autor de Historia de una pasión argentina.

El estallido narrativo de mediados de siglo y la proyección internacional

La década de 1950 y principios de 1960 estuvieron signadas por profundos cambios políticos tras el surgimiento y posterior proscripción del peronismo, acontecimiento que fracturó el campo intelectual y generó intensos debates sobre el rol del escritor frente a la realidad histórica. En este escenario surgió una renovación crítica impulsada por la revista Contorno, fundada por los hermanos Ismael Viñas y David Viñas. Este grupo de intelectuales aplicó el existencialismo y el análisis sociológico para reinterpretar la tradición literaria nacional, cuestionando duramente a las élites liberales y a figuras consagradas como Jorge Luis Borges y Eduardo Mallea, al tiempo que revalorizaba la figura de Roberto Arlt.

Esta efervescencia crítica coincidió con el surgimiento de narradores decisivos para el posterior fenómeno del "boom" latinoamericano. Julio Cortázar, quien se había dado a conocer con los relatos fantásticos de Bestiario y Final del juego, revolucionó las estructuras narrativas continentales con la publicación de su novela Ruela (Rayuela) en 1963. La obra proponía un juego interactivo con el lector, fragmentaba la cronología tradicional y exploraba el lenguaje desde un espíritu lúdico y existencial entre París y Buenos Aires. Paralelamente, Ernesto Sabato construyó una densa obra novelística centrada en la angustia, la ceguera y la incomunicación a través de El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador.

En el género del cuento y la novela corta destacan de igual modo las contribuciones de Beatriz Guido, Antonio Di Benedetto —cuya novela Zama, publicada en 1956, constituye una de las obras cumbres sobre la espera, la alienación y el absolutismo colonial—, Marco Denevi y Silvina Ocampo. En la poesía, la voz dramática y desolada de Alejandra Pizarnik se consagró como un referente absoluto de la lírica límpida y dolorosa del período, junto a la obra comprometida de Juan Gelman y la lírica conversacional de Mario Trejo.

Literatura, compromiso político y dictadura militar

Durante los años sesenta y setenta, la radicalización política que atravesó a la República Argentina y a América Latina permeó de manera directa la producción literaria. La narrativa y el ensayo se convirtieron en espacios de denuncia frente a la violencia estatal, las desigualdades sociales y el imperialismo. Un antecedente fundamental del periodismo narrativo y la no ficción testimonial fue establecido por Rodolfo Walsh con sus investigaciones Operación Masacre (1957) y Quién mató a Rosendo, obras que precedieron por varios años al denominado new journalism anglosajón. Autores como Osvaldo Soriano, Manuel Puig y Haroldo Conti renovaron las formas narrativas incorporando la cultura de masas, el cine, la oralidad popular y la sátira política.

El golpe de Estado de 1976 y la instauración del régimen militar conocido como el Proceso de Reorganización Nacional quebraron trágicamente el campo cultural nacional. El gobierno militar aplicó un sistemático aparato de censura, persecución, secuestro y asesinato que afectó a numerosos escritores, entre ellos el propio Rodolfo Walsh, Haroldo Conti y Roberto Santoro. Gran parte de la comunidad literaria debió marchar al exilio en México, España, Francia y otros países, dando lugar a una vasta "literatura del exilio" redactada por autores como David Viñas, Juan Gelman, Osvaldo Soriano y Antonio Di Benedetto.

Te puede interesar:  Alejandro Korn

Para aquellos escritores que permanecieron en el país, la producción literaria se convirtió en un ejercicio de resistencia donde el uso de la alegoría, la elipsis, la metáfora elusiva y la fragmentación formal resultó imprescindible para burlar la censura oficial. Obras publicadas durante este período sombrío abordaron de forma oblicua la violencia, la desaparición forzada de personas y la atmósfera de opresión colectiva, sentando las bases para el testimonio histórico posterior.

La reconstrucción democrática y la postdictadura

El retorno a la democracia en 1983 bajo la presidencia de Raúl Alfonsín posibilitó el regreso de los escritores exiliados, la derogación de las listas negras y la revitalización del debate público. La literatura de la postdictadura estuvo fuertemente signada por la necesidad de procesar el trauma colectivo, la memoria histórica, la revisión de la violencia política de los años setenta y el duelo por los desaparecidos. Novelas, ensayos y obras teatrales examinaron los mecanismos del terrorismo de Estado y la complicidad civil durante el régimen militar.

Autores consagrados y nuevas voces nutrieron un ecosistema literario en profunda transformación. Ricardo Piglia, con novelas como Respiración artificial y Plata quemada, así como a través de su labor ensayística, se consolidó como una de las mentes críticas más lúcidas del período, articulando ficción, historia y teoría literaria. De igual modo, Juan José Saer erigió un universo narrativo único afincado en la provincia de Santa Fe, donde la minuciosa percepción del paisaje, la reflexión poética y la descomposición del relato tradicional alcanzaron cotas de excelencia formal en novelas como El entenado, Glosa y La ocasión.

Otras figuras determinantes de este ciclo fueron César Aira, prolífico autor que introdujo el procedimiento de la "fuga hacia adelante" y la revalorización de la invención constante; Hebe Uhart, maestra del relato breve y de la observación de lo cotidiano; Graciela Cabal y Ana María Shua. La narrativa de mujeres adquirió una fuerza inédita mediante las obras de Tununa Mercado, Angélica Gorodischer y Griselda Gambaro, esta última referente ineludible de la dramaturgia argentina contemporánea.

Desarrollos contemporáneos y siglo XXI

Las últimas décadas de la historia literaria argentina han estado signadas por la diversificación de lenguajes, la eclosión de editoriales independientes frente a la concentración de los grandes grupos oligopólicos del sector y la irrupción de temáticas vinculadas a las crisis económicas recurrentes, las nuevas identidades de género, las periferias urbanas y los formatos digitales. La crisis de diciembre de 2001 funcionó como un catalizador social que impulsó nuevas formas de autogestión cultural, como las editoriales cartoneras y los colectivos de autopublicación.

En la narrativa contemporánea del siglo XXI se ha producido un notable reconocimiento crítico internacional de una nueva generación de escritores. Destaca la expansión del género de terror, lo fantástico y el policial gótico con proyección social liderado por Mariana Enriquez, autora de Nuestra parte de noche, y Samanta Schweblin, célebre por novelas como Distancia de rescate. Asimismo, la exploración de la autoficción, la crónica urbana y la violencia contemporánea cuenta con referentes insustituibles como Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara —quien reescribió el mito gauchesco en clave feminista y poscolonial con Las aventuras de la China Iron—, Claudia Piñeiro, Guillermo Martínez, Eduardo Sacheri y Patricio Pron.

La poesía, por su parte, mantiene una vitalidad constante a través de lecturas públicas, festivales federales y redes alternativas de distribución, caracterizándose por el neobarroco, el objetivismo y la poética de lo cotidiano. Las letras argentinas del tiempo presente continúan dialogando activamente con su densa tradición histórica, reafirmando su capacidad de invención formal y su vocación por interpretar los enigmas sociales y existenciales de una nación en permanente transformación.

Resumen

La historia de la literatura argentina constituye un recorrido intelectual fascinante que abarca desde los escritos virreinales y las manifestaciones neoclásicas de la época de la independencia hasta las complejas poéticas del tiempo presente. A lo largo del siglo XIX, la literatura operó como un instrumento de fundación nacional a través de la obra ensayística y narrativa de la Generación del 37 encabezada por Esteban Echeverría y Domingo Faustino Sarmiento, así como mediante la consolidación del poema épico Martín Fierro de José Hernández, cumbre de la tradición gauchesca. La transición al siglo XX estuvo marcada por el brillo modernista de Leopoldo Lugones, la renovación realista de la Generación del 80 y las intensas disputas estético-sociales entre los grupos de vanguardia de Florida y Boedo, encabezados por figuras de la talla de Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo y Roberto Arlt.

Durante la segunda mitad del siglo XX, la literatura nacional alcanzó una dimensión de impacto universal gracias a la maduración de la narrativa fantástica con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, el espíritu rompedor e innovador de Julio Cortázar y las profundas indagaciones existenciales de Ernesto Sabato. Las convulsiones políticas, las dictaduras militares y la persecución estatal signaron a fuego la producción de autores emblemáticos como Rodolfo Walsh, obligando a muchos al exilio y convirtiendo a la escritura en una herramienta de denuncia y memoria colectiva. Con la restauración democrática y el devenir del siglo XXI, autores de la jerarquía de Juan José Saer, Ricardo Piglia, César Aira, Mariana Enriquez y Samanta Schweblin han garantizado la continuidad de una tradición literaria extraordinariamente diversa, crítica y en constante evolución.

¿Te gustó este artículo?

Agregar en Google
Agrega a HISTORIA ARGENTINA a tus fuentes preferidas en Google

Preguntas & Respuestas (FAQ)

¿Cuál es considerada la primera obra literaria escrita en territorio argentino?
La historiografía suele señalar las poesías de Luis de Tejeda (siglo XVII) como las primeras expresiones literarias nacidas en suelo argentino, mientras que El matadero de Esteban Echeverría es considerado el primer relato de ficción.
¿Qué fue la Generación del 37 y cuál fue su importancia?
Fue un grupo de jóvenes intelectuales románticos liderado por Esteban Echeverría y Domingo Faustino Sarmiento que sentó las bases culturales y políticas del proyecto liberal de nación moderna.
¿Cuál es la obra cumbre de la literatura gauchesca?
El Gaucho Martín Fierro (1872) y su continuación La vuelta de Martín Fierro (1879), escritas por José Hernández, representan la cima y consolidación del género gauchesco.
¿Qué diferencias existían entre el Grupo Florida y el Grupo Boedo?
Florida (Borges, Girondo) priorizaba la vanguardia formal, el ultraísmo y la autonomía del arte; Boedo (Castelnuovo, Mariani) defendía el realismo social, la denuncia política y el compromiso obrero.
¿Por qué es relevante la revista Sur en la literatura hispanoamericana?
Fundada en 1931 por Victoria Ocampo, Sur funcionó como el gran puente entre la literatura europea/norteamericana y las letras latinoamericanas, proyectando a autores como Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.
¿Qué impacto tuvo la dictadura de 1976 en los escritores argentinos?
Provocó la censura, persecución y asesinato de autores como Rodolfo Walsh y Haroldo Conti, generando además una masiva literatura del exilio y estrategias de escritura alegórica para burlar la represión.

Redacción del artículo

Citar este artículo

Cohen, M.E. (2026). Historia de la literatura argentina. HISTORIA ARGENTINA. https://historiaargentina.org/historia-de-la-literatura-argentina/

Cohen, María Elena. “Historia de la literatura argentina.” HISTORIA ARGENTINA, 2026, https://historiaargentina.org/historia-de-la-literatura-argentina/

Cohen, María Elena. “Historia de la literatura argentina.” HISTORIA ARGENTINA. Publicado el 13 de agosto de 2026. https://historiaargentina.org/historia-de-la-literatura-argentina/

@misc{cohen2026,
  author    = {María Elena Cohen},
  title     = {Historia de la literatura argentina},
  year      = {2026},
  publisher = {HISTORIA ARGENTINA},
  url       = {https://historiaargentina.org/historia-de-la-literatura-argentina/}
}

Bibliografía

  • Jitrik, Noé (Dir.). Historia crítica de la literatura argentina (12 vols.). Buenos Aires: Emecé Editores, 1999-2018.
  • Piglia, Ricardo. El laboratorio del escritor: Argentina y sus ficciones. Buenos Aires: Anagrama, 2000.
  • Prieto, Adolfo. El discurso criollista en la formación de la Argentina moderna. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 1988.
  • Sarlo, Beatriz. Borges, un escritor en las orillas. Buenos Aires: Ariel, 1995.
  • Viñas, David. Literatura argentina y realidad política (2 vols.). Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1971.
  • Ludmer, Josefina. El género gauchesco: Un tratado sobre la patria. Buenos Aires: Perfil Libros, 1999.

Licencia y Copyright

Publicado por historiaargentina.org el 13 de agosto de 2026. El titular ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA). Esta licencia permite a otros remezclar, adaptar y construir sobre este contenido de forma no comercial, siempre que den crédito al autor y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Al publicar en la web se debe incluir un hipervínculo a la URL fuente original.

CCBYNCSA

María Elena Cohen

Redactor

Artículos relacionados

Subir

Al visitar HistoriaArgentina.org aceptas el uso que hacemos de la política de privacidad y estás de acuerdo con nuestra política de cookies.