Carlos María de Alvear

Militar de carrera y político controvertido, Carlos María de Alvear fue una de las figuras más influyentes y debatidas del proceso de independencia en el Río de la Plata. Desde su liderazgo en la Asamblea del Año XIII hasta su triunfo en la Batalla de Ituzaingó, su trayectoria combina victorias clave con intensas disputas del período patrio.

18/08/2026 · Actualizado: 19/08/2026

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Carlos María de Alvear, registrado en su fe de bautismo como Carlos Antonio del Santo Ángel Guardián de Alvear y Balbastro, fue un destacado militar, político y diplomático argentino que desempeñó un papel relevante en las guerras de independencia hispanoamericanas y en la estructuración política del Río de la Plata. Nacido el 25 de octubre de 1789 en el pueblo de Santo Ángel Guardián —perteneciente a las Misiones Orientales dentro del Virreinato del Río de la Plata— y fallecido el 3 de noviembre de 1852 en Nueva York, Estados Unidos, ejerció la máxima magistratura de las Provincias Unidas del Río de la Plata como Director Supremo durante un período de tres meses en el año 1815.

La trayectoria histórica de Carlos María de Alvear se destaca por su condición de militar de carrera formado en Europa que se incorporó tempranamente a las filas revolucionarias de América del Sur. Su vida pública estuvo marcada por una constante intervención en la diplomacia internacional, la conducción de campañas bélicas decisivas como la captura de Montevideo y la conducción de las tropas republicanas en la guerra contra el Imperio del Brasil, así como por su protagonismo en la organización de sociedades secretas y en las intensas disputas de las guerras civiles de la región.

Contenido

Orígenes familiares y primeros años en Europa

El padre de Carlos María de Alvear fue el noble español Diego de Alvear y Ponce de León, mientras que su madre fue la porteña María Balbastro. Su nacimiento tuvo lugar en las Misiones Orientales o de El Tapé, en la reducción jesuítica de Santo Ángel Guardián de las Misiones, una localidad cuya denominación sirvió de base para sus nombres bautismales y que posteriormente pasó a formar parte del territorio de Santo Ângelo en Río Grande del Sur tras la invasión de las fuerzas del Reino de Portugal en 1801.

A finales de 1804, la familia Alvear se embarcó con destino a España integrando una flotilla militar de cuatro fragatas. Mientras el joven Carlos María de Alvear navegaba junto a su padre a bordo de La Medea —buque insignia de la formación—, su madre y sus hermanos viajaban en la fragata Nuestra Señora de las Mercedes. El 5 de octubre de 1804, a la altura del Cabo de Santa María en las costas de Portugal y cerca de la ciudad de Cádiz, la escuadra fue interceptada de manera imprevista por cuatro fragatas de la Corona británica, a pesar de que ambas naciones se encontraban formalmente en paz.

Ante la intimación de captura planteada por los comandantes del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, las autoridades navales españolas enviaron una comisión a fin de entablar negociaciones. Interpretando que la maniobra buscaba prolongar los plazos, los navíos británicos abrieron fuego utilizando munición incandescente y proyectiles unidos por eslabones. Uno de los disparos impactó en la santabárbara de Nuestra Señora de las Mercedes, provocando una explosión en la que perecieron la madre y los seis hermanos de Carlos María de Alvear, junto a más de doscientas cuarenta personas.

Este incidente frente al Cabo de Santa María impulsó la declaración formal de guerra por parte del Reino de España al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda el 14 de diciembre de 1804, sirviendo como preludio a la Batalla de Trafalgar. Tras la tragedia, los supervivientes fueron conducidos en calidad de prisioneros a territorio británico, donde Diego de Alvear y Ponce de León contrajo segundas nupcias tres años más tarde con Luisa Rebeca Ward. Hacia finales de 1805, el padre y su hijo retornaron a España. Observadores contemporáneos atribuyeron la posterior desconfianza de Carlos María de Alvear hacia las autoridades británicas al impacto de aquel suceso traumático experimentado a sus catorce años.

Inicios de la carrera militar y regreso al Río de la Plata

Durante su infancia, Carlos María de Alvear se había desempeñado como cadete y portaestandarte en las filas del Regimiento de Dragones de Buenos Aires. A finales de 1807 ingresó formalmente a la Brigada de Carabineros Reales con el grado de alférez. En el marco de la Guerra de la Independencia Española contra las fuerzas del Imperio francés encabezado por Napoleón Bonaparte, participó activamente en los combates de Los Yébenes, Mora y Consuegra, así como en las batallas de Tudela, Tarancón, Uclés y Talavera. A finales de 1809 se estableció en Cádiz, donde fundó la logia masónica Caballeros Racionales N.º 3.

El advenimiento de la Revolución de Mayo en Buenos Aires durante mayo de 1810 motivó a Carlos María de Alvear a solicitar su licencia militar en el ejército español a finales de ese año. A comienzos de 1811 reclamó la liquidación de la importante herencia de su madre para financiar sus actividades políticas. En marzo de 1812 arribó al puerto de Buenos Aires a bordo de la fragata británica George Canning, compartiendo el viaje con José de San Martín, José Matías Zapiola, Martiniano Chilavert y Francisco Chilavert. Ninguno de ellos se encontraba presente en el Río de la Plata al momento de los sucesos revolucionarios de 1810.

A su llegada, el Primer Triunvirato le otorgó los rangos de capitán y sargento mayor en el recién constituido escuadrón de Granaderos a Caballo. En el ámbito social, fue el encargado de introducir a José de San Martín en los círculos dirigentes de la capital y se desempeñó como su padrino de bodas.

La Logia Lautaro, la Asamblea del Año XIII y el Sitio de Montevideo

Junto con José de San Martín, José Matías Zapiola y Martín Rodríguez, Carlos María de Alvear impulsó la creación de la Logia Lautaro. Esta sociedad secreta de carácter operativo se fundamentó en las estructuras previas de la Logia Independencia —que lideraba Julián Álvarez— y la logia San Juan de Jerusalem para la felicidad de esta parte de América. El propósito central de la Logia Lautaro consistía en declarar la independencia de la América Hispana respecto a la Corona de España y promover una constitución republicana inspirada en principios liberales.

Para concretar esta agenda, Carlos María de Alvear y José de San Martín encabezaron la revolución del 8 de octubre de 1812, movimiento que derrocó al Primer Triunvirato e instauró el Segundo Triunvirato, con el compromiso de convocar la Asamblea General Constituyente conocida como la Asamblea del Año XIII. Alvear organizó los comicios para la elección de los diputados de Buenos Aires y de las provincias del interior, asumiendo como el primer presidente del cuerpo constituyente. Desde esa posición impulsó la creación del Directorio como poder ejecutivo unipersonal para las Provincias Unidas del Río de la Plata, logrando la elección de su tío materno, Gervasio Antonio de Posadas, como Director Supremo. Tras renunciar a su banca a mediados de 1813, asumió la jefatura del Regimiento de Infantería N.º 2 como coronel, manteniendo un firme predominio político a través de la logia.

Entre 1813 y 1815 emergieron severas discrepancias en el seno de la Logia Lautaro relativas a la conducción bélica y el manejo de las alianzas. Mientras José de San Martín demandaba independencia en sus decisiones militares, Carlos María de Alvear procuraba subordinar las operaciones al mando político. En ese contexto, Alvear impulsó la designación de San Martín al frente del Ejército del Norte. Corrientes de la historiografía revisionista interpretaron este nombramiento como una maniobra para alejar a su rival de la capital, mientras que la historiografía académica tradicional sostiene que la medida obedeció a la urgencia de reorganizar las unidades militares tras las derrotas sufridas en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma.

Ante el avance del Ejército Realista en el Alto Perú y los riesgos reinantes en la Capitanía General de Chile, la neutralización de la plaza fortificada de Montevideo se tornó una prioridad estratégica. La guarnición española, compuesta por cinco mil soldados, ponía en riesgo la seguridad de Buenos Aires mientras controlara el puerto. Las operaciones del Segundo Sitio de Montevideo, iniciado en 1812, no lograban avances sustanciales debido a que la flota realista garantizaba el abastecimiento marino.

Para revertir la situación, Carlos María de Alvear y el funcionario Juan Larrea promovieron el desarrollo de una escuadra naval confiada al marino Guillermo Brown, quien inició la Campaña Naval de 1814. A pesar de un conato de motín en dos embarcaciones en febrero de 1814 y de la oposición inicial de José de San Martín que llevó al Director Supremo Gervasio Antonio de Posadas a considerar la desarticulación de la flota, Alvear sofocó la sublevación y convenció al gobierno de mantener las operaciones. Tras el combate naval en la Isla Martín García en marzo, la flota completó su alistamiento y el Director Supremo nombró a Alvear comandante en jefe del ejército sitiador en reemplazo del general José Rondeau.

Carlos María de Alvear asumió el mando operativo de las fuerzas de tierra tras las victorias navales de Guillermo Brown frente a la bahía. Mediante negociaciones y una estratagema militar, forzó la rendición a discreción de la guarnición realista el 20 de junio de 1814. Esta victoria alteró la relación de fuerzas en el Río de la Plata a favor de los patriotas. Sin embargo, la captura de la ciudad acentuó los enfrentamientos con José Gervasio Artigas, líder de los orientales, quien exigía la entrega inmediata de la plaza. Alvear convocó a Artigas a negociar, pero este envió en su representación a Fernando Otorgués, cuyas fuerzas acamparon cerca de la ciudad. Tras acusar a Otorgués de intentar sublevar a las tropas españolas capturadas, Alvear atacó y dispersó su división en la Batalla de Las Piedras.

A su regreso a Buenos Aires, Carlos María de Alvear fue ascendido a brigadier general y distinguido por la Asamblea del Año XIII con la declaración de "benemérito de la patria con grado heroico" para él y su tropa. Partes del ejército sitiador se destinarían a reforzar las filas de José Rondeau en el Ejército del Norte. Poco después, Alvear encabezó una nueva campaña militar en la Banda Oriental para combatir la resistencia armada del artiguismo. Durante las operaciones, el coronel Manuel Dorrego derrotó a Otorgués en la Batalla de Marmarajá. Aunque la victoria pareció aplacar la rebelión permitiendo el regreso de Alvear a la capital, las fuerzas de José Gervasio Artigas reanudaron la contienda. Hacia finales de 1814, Gervasio Antonio de Posadas intentó nombrarlo al mando del Ejército del Norte, pero la sublevación de los oficiales de dicha unidad frustró la designación.

Ejercicio del Directorio Supremo y caída del gobierno

La pérdida de autoridad frente a los cuerpos militares motivó la renuncia de Gervasio Antonio de Posadas al ejercicio del poder ejecutivo. En su lugar, la Asamblea del Año XIII designó como Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata a Carlos María de Alvear, quien asumió el cargo a la edad de veinticinco años. Su gestión, que se extendió durante un trimestre en 1815, fue calificada por sectores opositores como una dictadura ejercida sin apoyo popular y fundada en la influencia de la Logia Lautaro y de la oficialidad del ejército.

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El gobierno de Alvear instauró un sistema de espionaje, ejerció una rigurosa censura sobre la prensa e instrumentó detenciones sin debido proceso legal. Frente a la sospecha de conspiraciones, ordenó la ejecución sumaria y exhibición pública de un capitán del ejército en la Plaza de Mayo. Igualmente, la adopción de ceremoniales e insignias gubernamentales generó rechazo social en la población. Durante este período, el gobernador de la Intendencia de Cuyo, José de San Martín, presentó su renuncia alegando problemas de salud; Alvear procuró sustituirlo nombrando al coronel Gregorio Perdriel, pero el Cabildo de Mendoza rechazó la designación y confirmó en el mando al general San Martín.

En el ámbito estratégico, Carlos María de Alvear planteó emplear las unidades de la capital para organizar una expedición militar que atravesara la Capitanía General de Chile con el objetivo final de atacar el centro del poder realista en la ciudad de Lima, evitando la ruta del Alto Perú. Esta iniciativa fue vetada por el Cabildo de Buenos Aires, presidido por el regidor y alcalde de primer voto Antonio José de Escalada.

El rechazo a la política centralista del Directorio se extendió rápidamente a las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Córdoba, la Banda Oriental y la región de Cuyo. Frente a las crecientes protestas, el Director Supremo promulgó un bando que castigaba con la pena capital a los críticos de su administración. Para neutralizar la influencia de José Gervasio Artigas en las provincias del litoral, Alvear dispuso la evacuación militar de Montevideo y envió al almirante Guillermo Brown a proponerle al caudillo el reconocimiento de la independencia absoluta de la Banda Oriental a cambio de su renuncia a intervenir en las provincias del interior, oferta que fue desestimada.

Simultáneamente, el gobierno despachó una fuerza militar al mando de Francisco Javier de Viana con instrucciones de ocupar la Provincia de Santa Fe y atravesar el territorio de la Provincia de Entre Ríos para atacar a las fuerzas orientales. No obstante, el coronel Ignacio Álvarez Thomas, comandante de la vanguardia del ejército expeditionario, entabló contacto con los delegados de José Gervasio Artigas. El 3 de abril de 1815, en la posta de Fontezuelas —cerca de la actual ciudad de Pergamino—, Álvarez Thomas rechazó combatir en la guerra civil y encabezó el Motín de Fontezuelas.

La insubordinación militar arrastró al Cabildo de Buenos Aires y al general Miguel Estanislao Soler a sumarse a la deposición del Director Supremo. Tras la resistencia ofrecida por las unidades del coronel Enrique Paillardell, Carlos María de Alvear presentó su renuncia al cargo y busco protección a bordo de una fragata del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, trasladándose posteriormente al Reino del Brasil. Su caída provocó la detención de sus colaboradores —incluyendo al ex Director Supremo Gervasio Antonio de Posadas— y la disolución definitiva de la Asamblea del Año XIII.

Gestiones diplomáticas y correspondencia en Río de Janeiro

La restauración del absolutismo monárquico en Europa tras la derrota de Napoleón Bonaparte y el eventual retorno al trono del rey Fernando VII alteraron las condiciones internacionales para las colonias hispanoamericanas. Ante el riesgo de expediciones militares punitivas y la falta de reconocimiento diplomático, diversos dirigentes revolucionarios evaluaron la viabilidad de establecer una monarquía constitucional, impulsando las misiones diplomáticas de Manuel de Sarratea, Bernardino Rivadavia y Manuel Belgrano en Europa y el Reino del Brasil.

Quince días después de haber asumido el Directorio en 1815, Carlos María de Alvear comisionó a Manuel José García, secretario de la Asamblea del Año XIII, para entablar negociaciones en la ciudad de Río de Janeiro ante las autoridades portuguesas. La misión procuraba evitar que la prevista expedición militar española contara con el respaldo de la corte lusitana. Manuel José García portaba dos misivas redactadas por Alvear: una destinada al embajador británico en Brasil, Lord Strangford, y otra dirigida al ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, el vizconde Robert Stewart Castlereagh.

Dichas cartas nunca se entregaron formalmente a sus destinatarios. Al conocer su contenido, Lord Strangford aconsejó a García no despacharlas a Londres, argumentando que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda había recompuesto su alianza con el monarca Fernando VII. En su lugar, el diplomático redactó un memorial moderado que solicitaba la mediación británica entre el Reino de España y las Provincias Unidas del Río de la Plata, encomendando su traslado a Bernardino Rivadavia, aunque tampoco fue presentado. En 1842, Manuel José García entregó las copias originales de la correspondencia al político Florencio Varela, quien las envió a Londres en 1843 durante su misión diplomática por el gobierno de Montevideo. Varela remitió finalmente los textos al historiador Bartolomé Mitre, quien los utilizó en su obra biográfica sobre Manuel Belgrano para fundamentar acusaciones de traición a la patria contra Alvear, que en ese momento servía como embajador de Juan Manuel de Rosas.

El análisis historiográfico sobre este episodio presenta múltiples interpretaciones:

  • Interpretación pragmática: Historiadores como Vicente Fidel López y Beatriz Bragoni sostienen que las cartas respondieron a una táctica política desesperada para evitar la destrucción total de la Revolución frente a la inminente llegada de tropas reconquistadoras españolas, el aislamiento diplomático y el enfrentamiento interno contra el artiguismo, aceptando incluso la figura de un protectorado británico para salvar la autonomía. Por su parte, Juan Bautista Alberdi argumentó que el lenguaje empleado poseía un carácter deliberadamente retórico y exagerado para forzar la intervención diplomática extranjera, careciendo de validez legal para configurar una transferencia de soberanía.
  • Interpretación contextual amplia: Investigadores como Tulio Halperín Donghi enmarcan las misivas dentro de las búsquedas diplomáticas globales iniciadas por los revolucionarios en el período 1814-1815, sosteniendo que la opción por monarquías constitucionales bajo el amparo de potencias europeas constituía una estrategia compartida por las misiones de Manuel Belgrano, Bernardino Rivadavia y Manuel de Sarratea.
  • Interpretación revisionista: Autores como José María Rosa consideran que el texto debe interpretarse literalmente, calificando las gestiones de Alvear como un intento de sometimiento colonial a una potencia extranjera e incompatible con el proyecto independentista.
  • Interpretación socio-política: El historiador Norberto Galasso postula que el documento reflejaba la falta de confianza del sector mercantil porteño en la capacidad de autogobierno de las provincias, viendo al Reino Unido como garante del orden económico e institucional. No obstante, remarca el contexto bélico crítico para evitar calificar el hecho como un acto unidimensional de traición.

El exilio y los sucesos de la Anarquía del Año XX

Durante su permanencia de casi tres años en Río de Janeiro, Carlos María de Alvear enfrentó las presiones del general Gaspar de Vigodet, antiguo gobernador realista de Montevideo, quien exigía a las autoridades portuguesas la entrega del militar prisionero para llevarlo a juicio en España. Ante esta situación, Alvear buscó el amparo del encargado de negocios de la Corona de España, Andrés Villalba. Por sugerencia de Manuel José García, proporcionó a Villalba informes sobre la composición, armamento y grado de instrucción de las tropas patriotas. Asimismo, redactó una "representación" dirigida al rey Fernando VII en la cual argumentaba haber actuado a favor de los intereses monárquicos para poner fin a la revolución, solicitando el perdón real.

Este proceder provocó el rechazo de Carlota Joaquina de Borbón, princesa del Reino del Portugal y hermana de Fernando VII, quien advirtió por carta sobre la falta de sinceridad de los exiliados porteños. El sucesor diplomático de Villalba, el Conde de Casa Flórez, remitió el documento al Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, quien ordenó su publicación en la Gazeta de Buenos Ayres en 1818. Diferentes posiciones historiográficas consideran el texto como un manifiesto táctico simulado para garantizar su supervivencia personal o bien como un acto directo de deslealtad institucional.

En mayo de 1818, Carlos María de Alvear se trasladó a la ciudad de Montevideo, que se encontraba ocupada por las tropas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve tras la invasión iniciada en 1817. A finales de 1819 formó una alianza con el militar chileno José Miguel Carrera —opositor a José de San Martín y a Bernardo O'Higgins— y acordó acciones con los caudillos del litoral, el gobernador de la Provincia de Santa Fe, Estanislao López, y el de la Provincia de Entre Ríos, Francisco Ramírez.

Las fuerzas federales derrotaron al Director Supremo José Rondeau en la Batalla de Cepeda el 1 de febrero de 1820, provocando la disolución del Directorio y del Congreso de Tucumán. Aunque la intención de Alvear y Carrera era asumir los mandos ejecutivos de sus respectivos países, el dirigente Manuel de Sarratea se adelantó con el respaldo del federalismo y asumió como gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Un contragolpe encabezado por los generales Juan Ramón Balcarce y Miguel Estanislao Soler derrocó brevemente a Sarratea, pero este recuperó el poder con el apoyo de Francisco Ramírez.

En la noche del 25 de marzo de 1820, Carlos María de Alvear desembarcó en la capital para promover un complot que derivó en la captura de Miguel Estanislao Soler. Sin embargo, la oposición del Cabildo de Buenos Aires obligó a Sarratea a exigir la inmediata retirada de Alvear y la liberación de Soler. Alvear marchó al campo exterior para unirse a las unidades de José Miguel Carrera, refugiándose en el campamento de Francisco Ramírez, quien se negó a entregarlo a las fuerzas perseguidoras del general Domingo French.

Posteriormente, Miguel Estanislao Soler asumió la gobernación de Buenos Aires. Al retirarse Francisco Ramírez para combatir a José Gervasio Artigas, el gobernador Estanislao López avanzó junto a las tropas de José Miguel Carrera y una brigada de cincuenta oficiales leales a Alvear, conocidos como "los proscriptos". El 28 de junio de 1820 se libró la Batalla de Cañada de la Cruz, donde las fuerzas de López obtuvieron una victoria sobre el ejército de Soler.

Tras el triunfo, el Cabildo de Luján designó a Carlos María de Alvear como gobernador el 1 de julio, pero el Cabildo de Buenos Aires rechazó el nombramiento y nombró en su lugar a Manuel Dorrego. Este último lanzó una rápida ofensiva, sorprendiendo a las unidades de Carrera y Alvear aisladas en la villa de San Nicolás de los Arroyos. Tras un intenso combate, las tropas porteñas apresaron a la escolta oficial de Alvear, lo que forzó al militar a exiliarse nuevamente en la ciudad de Montevideo.

Misiones diplomáticas en Europa, Estados Unidos y Bolivia

En 1822, Carlos María de Alvear regresó a las Provincias Unidas del Río de la Plata amparado por la "Ley del olvido" sancionada bajo la administración del gobernador Martín Rodríguez. De inmediato se le encomendó una comisión oficial en Londres, donde mantuvo una audiencia con el Secretario de Asuntos Exteriores del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, George Canning. Durante el encuentro, Alvear expuso la consolidación de las autoridades rioplatenses y defendió los derechos soberanos sobre la Banda Oriental, ocupada por las fuerzas del Reino del Brasil. Estas gestiones influyeron en la decisión del gabinete británico de formalizar el reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas.

A mediados de 1824 se trasladó a Estados Unidos, donde fue recibido por el presidente James Monroe y el Secretario de Estado John Quincy Adams, ante quienes solicitó el apoyo diplomático de Washington frente al conflicto en la Banda Oriental.

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A fines de 1824, tras la Batalla de Ayacucho, el gobernador Juan Gregorio de Las Heras nombró a Carlos María de Alvear y a José Miguel Díaz Vélez como Ministros Plenipotenciarios ante el gobierno de Colombia y las fuerzas de Simón Bolívar, acompañados por Tomás de Iriarte y Domingo de Oro. La legación diplomática tenía como metas felicitar a Bolívar, gestionar la restitución de la Provincia de Tarija y pactar un auxilio militar frente al Imperio del Brasil. En el plano ideológico, Alvear admiraba el proyecto continental republicano de Bolívar.

Las audiencias oficiales se celebraron en octubre de 1825. El 17 de noviembre, Simón Bolívar ordenó al mariscal Antonio José de Sucre restituir la Provincia de Tarija a las Provincias Unidas. Sin embargo, el 26 de agosto de 1826 la región fue anexada formalmente a la República de Bolivia. Como respuesta, el Congreso Constituyente sancionó una ley el 30 de noviembre de 1826 ratificando a Tarija como provincia argentina. Respecto a la guerra con el Imperio del Brasil, Bolívar rehusó comprometer sus tropas continentales debido a las presiones diplomáticas cursadas por George Canning y el Reino Unido, descartando una intervención armada en el Río de la Plata.

Conducción bélica en la Guerra con el Imperio del Brasil y la Batalla de Ituzaingó

A su regreso a Buenos Aires, el recién electo presidente Bernardino Rivadavia designó a Carlos María de Alvear como ministro de Guerra y Marina. Al declararse formalmente la Guerra del Brasil, Alvear reorganizó la estructura del ejército nacional, elevando los efectivos regulares a dos mil ochocientos soldados, que se sumaron a unos dos mil quinientos milicianos orientales conducidos por Juan Antonio Lavalleja. A mediados de 1826, Rivadavia lo nombró comandante en jefe del Ejército de Operaciones con la consigna de llevar a cabo una ofensiva militar en el sur del Imperio del Brasil e inducir un levantamiento de la población esclava para forzar al emperador Pedro I de Brasil a firmar la paz.

Las tropas argentinas avanzaron hacia el norte buscando sorprender las posiciones enemigas en Bagé. Durante el despliegue se registraron las victorias de la caballería republicana dirigidas por Juan Lavalle en la Batalla de Bacacay y por Lucio Norberto Mansilla en la Batalla de Ombú. Mediante maniobras de flanqueo hacia São Gabriel, Alvear atrajo al ejército imperial, aunque quedó acorralado temporalmente ante la crecida del Río Santa María en el Paso del Rosario.

El 20 de febrero de 1827 se libró la Batalla de Ituzaingó, en la cual las fuerzas comandadas por Carlos María de Alvear obtuvieron la victoria militar más importante de la contienda contra las tropas del Imperio del Brasil. La falta de caballada impidió la persecución total del enemigo diezmado. En los meses posteriores, las tropas patriotas vencieron en la Batalla de Camacuã, pero la falta de pertrechos, caballos y suministros remitidos desde Buenos Aires imposibilitó la continuación del avance. Ante el escaso auxilio del gobierno central —que dio prioridad a contener las rebeliones internas de los caudillos federales—, Alvear renunció al mando a mediados de 1827, dejando la conducción interina al general José María Paz.

El desempeño de Alvear en la campaña originó encendidas controversias entre sus oficiales contemporáneos. El jefe de artillería Tomás de Iriarte lo acusó de inacción y de haber buscado la inutilización del armamento, mientras que José María Paz y Juan Antonio Lavalleja atribuyeron el triunfo de Ituzaingó al desempeño exclusivo de las unidades subordinadas. No obstante, otros jefes militares y analistas sostuvieron que la victoria respondió a la planificación estratégica de Alvear.

En el aspecto político, la victoria estratégica militar no fortaleció la posición negociadora de la delegación diplomática. El comisionado Manuel José García firmó la Convención Preliminar de Paz de 1827, en la cual cedía la totalidad de la provincia en disputa. Aunque la convención fue repudiada por Bernardino Rivadavia y el propio Alvear, el escándalo provocó la dimisión del presidente y la disolución del Congreso Nacional. El nuevo gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego, asumió la conducción política, nombrando a Juan Antonio Lavalleja como jefe militar. Finalmente, las presiones de la diplomacia británica e intereses comerciales condujeron a la firma de la Convención Preliminar de Paz de 1828, que determinó la creación del Estado Oriental del Uruguay como nación independiente.

Últimos años, función diplomática en Estados Unidos y fallecimiento

Tras la renuncia de Bernardino Rivadavia, Carlos María de Alvear se mantuvo apartado de los cargos públicos hasta la revolución del 1 de diciembre de 1828. Durante el desarrollo de la guerra civil entre el general Juan Lavalle y Juan Manuel de Rosas, Lavalle lo nombró ministro de Guerra y Marina. En esa función organizó las fortificaciones de Buenos Aires, pero renunció ante los acuerdos entablados entre ambos jefes. Alvear lideró la facción política opositora que triunfó mediante maniobras irregulares en las comicios legislativos de julio de 1829, los cuales fueron anulados por Lavalle, facilitando el ascenso al poder de Juan Manuel de Rosas.

En 1832, el gobernador Juan Manuel de Rosas lo designó ministro plenipotenciario ante los Estados Unidos para negociar los diferendos derivados del conflicto en las Islas Malvinas, aunque la comisión quedó postergada por problemas de salud. En 1834, Alvear impulsó negociaciones con el caudillo Facundo Quiroga con el propósito de organizar constitucionalmente al país, proyecto que quedó interrumpido tras el asesinato del líder riojano en Barranca Yaco.

Al asumir Rosas la suma del poder público, Carlos María de Alvear entabló contacto con el presidente de la Confederación Perú-Boliviana, el mariscal Andrés de Santa Cruz, procurando apoyo militar exterior para derrocar al gobierno porteño. Descubierta la red conspirativa, Rosas decidió apartar a Alvear del ámbito local confirmando su designación como embajador en Estados Unidos. La aceptación del cargo por parte de Alvear motivó que los jefes unitarios exiliados en Montevideo —entre ellos Juan Lavalle, José María Paz, Tomás de Iriarte, Bartolomé Mitre y Florencio Varela— lo calificaran de traidor a la causa.

Carlos María de Alvear asumió sus funciones diplomáticas en Estados Unidos a principios de 1838, en coincidencia con el inicio del bloqueo naval francés al Río de la Plata. Desde su sede diplomática respaldó la posición asumida por Juan Manuel de Rosas frente a las exigencias de Francia y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, alertando sobre las pretensiones neocoloniales de las potencias europeas y el expansionismo territorial estadounidense.

Tras la caída del régimen rosista en la Batalla de Caseros, el nuevo hombre fuerte de la Confederación Argentina, el general Justo José de Urquiza, ratificó a Carlos María de Alvear al frente de la embajada en Washington. Pocas semanas después, el 3 de noviembre de 1852, Alvear falleció en la ciudad de Nueva York. Sus restos mortales fueron trasladados posteriormente a la República Argentina y depositados en el Cementerio de la Recoleta en la ciudad de Buenos Aires, dentro de un mausoleo familiar proyectado por el arquitecto Alejandro Christophersen en 1805.

Resumen

Carlos María de Alvear fue un destacado militar, político y diplomático de las Provincias Unidas del Río de la Plata cuya actuación pública resultó determinante durante las primeras décadas del proceso emancipador suramericano. Formado militarmente en el Reino de España, donde combatió a las fuerzas del Imperio francés, regresó al Río de la Plata en 1812 junto a José de San Martín para incorporarse a las guerras de independencia, siendo cofundador de la Logia Lautaro y primer presidente de la Asamblea del Año XIII. En 1814 dirigió la fase final del Segundo Sitio de Montevideo, logrando la rendición de la fortaleza realista.

En 1815 ejerció como Director Supremo durante un breve período marcado por una fuerte concentración del poder, acusaciones de autoritarismo y severas tensiones con las provincias del interior y las fuerzas de José Gervasio Artigas. Tras ser depuesto por el Motín de Fontezuelas, inició un prolongado exilio en el Reino del Brasil y Montevideo, etapa durante la cual mantuvo polémicas gestiones diplomáticas antes de retornar a la política local durante la Anarquía del Año XX.

Posteriormente desempeñó misiones diplomáticas clave en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, Estados Unidos y ante Simón Bolívar en Bolivia. Durante la Guerra del Brasil, ejerció la comandancia en jefe del Ejército de Operaciones y obtuvo la victoria bélica en la Batalla de Ituzaingó en 1827. En sus últimos años se desempeñó como ministro plenipotenciario de la Confederación Argentina en Estados Unidos, cargo en el que fue confirmado por Justo José de Urquiza y que ejerció hasta su fallecimiento en Nueva York en 1852.

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Preguntas & Respuestas (FAQ)

¿Quién fue Carlos María de Alvear?
Fue un militar, político y diplomático rioplatense que ejerció como Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1815.
¿Qué papel tuvo en la Logia Lautaro?
Fundó la logia junto a José de San Martín y otros patriotas para coordinar la estrategia política y la independencia hispanoamericana.
¿Qué ocurrió en la Batalla de Ituzaingó?
Fue el comandante en jefe del Ejército Republicano que derrotó al Imperio del Brasil en 1827 en la mayor batalla de esa contienda.
¿Por qué renunció al Directorio Supremo?
Tuvo que dimitir tras tres meses de gestión debido al rechazo provincial a sus políticas centralistas y al levantamiento militar en Fontezuelas.
¿Dónde falleció Carlos María de Alvear?
Murió el 3 de noviembre de 1852 en Nueva York mientras se desempeñaba como embajador argentino ante Estados Unidos.

Redacción del artículo

Citar este artículo

Palacios, M. (2026). Carlos María de Alvear. HISTORIA ARGENTINA. https://historiaargentina.org/carlos-maria-de-alvear/

Palacios, Martín. “Carlos María de Alvear.” HISTORIA ARGENTINA, 2026, https://historiaargentina.org/carlos-maria-de-alvear/

Palacios, Martín. “Carlos María de Alvear.” HISTORIA ARGENTINA. Publicado el 18 de agosto de 2026. https://historiaargentina.org/carlos-maria-de-alvear/

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Bibliografía

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Licencia y Copyright

Publicado por historiaargentina.org el 18 de agosto de 2026. El titular ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA). Esta licencia permite a otros remezclar, adaptar y construir sobre este contenido de forma no comercial, siempre que den crédito al autor y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Al publicar en la web se debe incluir un hipervínculo a la URL fuente original.

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Martín Palacios

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