Primer Triunvirato

El Primer Triunvirato constituyó una etapa clave en la reorganización del poder ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Signado por un marcado centralismo porteño y crecientes tensiones políticas, este gobierno enfrentó severos desafíos internos y externos antes de su derrocamiento en octubre de 1812.

13/09/2025 · Actualizado: 19/08/2026

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El Primer Triunvirato constituye uno de los órganos ejecutivos de mayor relevancia en el proceso revolucionario iniciado en el Río de la Plata a comienzos del siglo XIX. Integrado por tres miembros, este cuerpo colegiado ejerció el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata entre el 23 de septiembre de 1811 y el 8 de octubre de 1812. Su establecimiento respondió a un intento deliberado por parte de sectores porteños de retomar el control político centralizado, revirtiendo la dispersión del poder que caracterizó al período previo e instaurando una gestión ejecutiva más drástica y concentrada en Buenos Aires.

La trayectoria de este gobierno estuvo marcada por una profunda inestabilidad, producto tanto de la presión de los frentes bélicos contra las fuerzas realistas como de intensas pugnas ideológicas y políticas en el plano interno. La gestión del Primer Triunvirato, fuertemente condicionada por la labor de sus secretarios y por los aires de diplomacia cautelosa frente a España, terminó desencadenando una dura oposición que combinó el malestar de las provincias, conspiraciones internas y la irrupción de nuevas fuerzas socio-políticas y militares. Su caída en octubre de 1812 tras un golpe de Estado abrió paso a una nueva etapa encaminada decididamente hacia la organización constitucional y la emancipación.

Contenido

Contexto Histórico y Origen del Gobierno Triunviral

Tras los acontecimientos de la Revolución de Mayo de 1810, la Junta Grande se había configurado como el organismo encargado de representar la opinión pública de las distintas ciudades del interior. Sin embargo, la acción ejecutiva de esta junta se vio severamente obstaculizada por su elevado número de integrantes. La falta de un reglamento claro dificultaba el ejercicio regular de sus funciones, lo que derivaba en prolongadas discusiones metodológicas que postergaban la atención de los asuntos de Estado más apremiantes. Frente a esta situación, los sectores opositores acusaban con frecuencia a la Junta Grande de ser un cuerpo inoperante.

El desprestigio del gobierno se profundizó drásticamente luego de la derrota sufrida por el Ejército del Norte en la Batalla de Huaqui, ocurrida el 20 de junio de 1811, a manos de las tropas realistas comandadas por el general José Manuel de Goyeneche. Ante la gravedad de la crisis militar, el presidente del cuerpo, Cornelio Saavedra, decidió trasladarse personalmente al frente para reorganizar las fuerzas revolucionarias. Esta ausencia fue aprovechada por el sector afín al pensamiento de Mariano Moreno para impulsar la elección de dos nuevos vocales en representación de Buenos Aires.

Casi simultáneamente, se determinó concentrar el poder ejecutivo en un cuerpo reducido denominado Triunvirato. Este quedó integrado inicialmente por los dos diputados porteños recién electos, Feliciano Antonio Chiclana y Juan José Paso, junto con Manuel de Sarratea, quien había sido el candidato más votado por los electores capitalinos. De esta forma, la representación representativa de la Junta Grande quedó virtualmente supeditada a las decisiones tomadas por los representantes de la capital.

En sus comienzos, la creación del Triunvirato no implicó la disolución formal de la Junta Grande, sino su transformación en una Junta Conservadora con atribuciones de carácter legislativo. Dicho organismo mantuvo en sus filas a los miembros de la junta precedente, aunque con las excepciones explícitas de Cornelio Saavedra y Joaquín Campana. La titularidad del Primer Triunvirato experimentó variaciones en su composición a lo largo de su existencia: asumido el 23 de septiembre de 1811 por Feliciano Antonio Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso, sufrió una modificación en abril de 1812 cuando este último dimitió y fue reemplazado por Juan Martín de Pueyrredón.

Centralización Política y Disolución de la Junta Conservadora

Con la intención de normar la estructura estatal y deslindar las competencias institucionales, la Junta Conservadora procedió a redactar, el 22 de octubre de 1811, un Reglamento Orgánico fundamentado en el principio de división de poderes. Este documento establecía que el Poder Legislativo residía en la denominada Junta Conservadora de la Soberanía del señor Fernando VII y de las leyes nacionales, la cual retenía facultades cruciales como declarar la guerra, firmar tratados de paz y límites, erigir tribunales y nombrar a las autoridades del Poder Ejecutivo. Bajo esta norma, el Triunvirato debía limitar su papel al ejercicio del Poder Ejecutivo respondiendo políticamente ante la Junta Conservadora, mientras que el Poder Judicial se mantenía de manera independiente en la Real Audiencia de Buenos Aires.

Sin embargo, los miembros del Triunvirato juzgaron que las prerrogativas reservadas por la Junta Conservadora eran excesivas e incompatibles con las exigencias del momento. En consecuencia, optaron por disolver la Junta Conservadora, anular el Reglamento Orgánico y asumir de manera unilateral la totalidad de las facultades gubernamentales. Para dotar de sustento legal a esta concentración del mando, el Triunvirato sancionó el 22 de noviembre de 1811 el Estatuto Provisional, normativa que lo autorizaba a "adoptar cuantas medidas estime necesarias para la defensa y salvación de la Patria", bajo la denominación formal de Gobierno Superior Provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Esta drástica reorientación centralista generó inmediatas resistencias en el ámbito militar e institucional. En diciembre de 1811 se desencadenó una sublevación conocida como el Motín de las Trenzas, que tuvo como epicentro al Regimiento de Patricios. El conflicto estalló cuando el gobierno dispuso reemplazar al comandante de la unidad, Cornelio Saavedra, por Manuel Belgrano, lo que derivó en la negativa de los soldados y suboficiales a acatar las directivas oficiales. La revuelta fue reprimida militarmente por fuerzas leales al Triunvirato, tras lo cual el ejecutivo procedió a expulsar a los diputados del interior acusándolos de haber instigado el levantamiento.

Pocos días después, el 23 de diciembre de 1811, el Triunvirato profundizó el esquema de dominación porteña mediante la supresión definitiva de las juntas provinciales, sustituyéndolas por gobernadores y delegados designados de manera directa desde la capital, quienes en su aplastante mayoría eran oriundos de Buenos Aires. Esta orientación política conllevó la postergación indefinida de la declaración de la independencia y de la sanción de una constitución, bajo el argumento de que la conducción de las acciones bélicas demandaba una absoluta concentración del mando en la capital.

En la dinámica interna del ejecutivo, el secretario Bernardino Rivadavia adquirió una enorme influencia que lo llevó a asumir la Secretaría de Gobierno. Tras la renuncia de Juan José Paso y la incorporación de Juan Martín de Pueyrredón —quien al hallarse en campaña militar requirió inicialmente la designación interina de Miguel Vélez—, Bernardino Rivadavia fue ratificado en su cargo. Asimismo, la Secretaría de Hacienda quedó bajo la responsabilidad de Hipólito tras el desplazamiento de Planes. En el ámbito judicial, el gobierno concretó en enero de 1812 la abolición de la Real Audiencia de Buenos Aires, estableciendo en su lugar una Cámara de Apelaciones.

Medidas Administrativas y Reformas Institucionales

A lo largo de su mandato, el Primer Triunvirato impulsó una serie de disposiciones de carácter administrativo, judicial y social destinadas a organizar las estructuras del nuevo Estado. Entre las medidas más destacadas promuladas por el gobierno se encuentran:

  • La declaración formal de la libertad de prensa.
  • La aprobación de la ley de seguridad individual.
  • La creación del Gobierno Intendencia de la Provincia de Buenos Aires, efectuada el 13 de enero de 1812.
  • El establecimiento del Reglamento de Institución y Administración de Justicia y la puesta en funcionamiento de la Cámara de Apelaciones.
  • La aprobación del uso de la escarapela blanca y celeste para las fuerzas del ejército, el 18 de febrero de 1812.
  • La designación de Manuel Belgrano como general en jefe del Ejército del Norte, oficializada el 18 de febrero de 1812, junto con la orden previa de desplegar tropas patriotas para resguardar la localidad de Rosario de las incursiones navales españolas provenientes de Montevideo.
  • La orden dirigida al teniente coronel José de San Martín, el 16 de marzo de 1812, para la formación de un cuerpo especial de caballería que adoptó el nombre de Regimiento de Granaderos a Caballo.
  • La prohibición de la introducción de esclavos en el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, decretada el 9 de abril de 1812.
  • La fundación, el 4 de septiembre de 1812, de la Comisión de Inmigración, considerada la primera entidad orientada a fomentar la radicación y colonización de pobladores extranjeros. Aunque el desarrollo de las guerras de independencia impidió su funcionamiento regular en esa etapa, la institución fue reactivada en 1824 durante la gestión de Bernardino Rivadavia como ministro bonaerense, manteniéndose hasta su disolución final el 20 de agosto de 1830 por orden de Juan Manuel de Rosas.

Política Exterior, Relaciones con España y Conflictos Bélicos

Bajo la marcada influencia de Bernardino Rivadavia, la política exterior del Primer Triunvirato se caracterizó por la preservación de una fachada de marcada fidelidad al monarca Fernando VII, aplazando cualquier pronunciamiento categórico sobre la soberanía definitiva. Esta postura diplomática respondía en gran medida a las recomendaciones del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, entidad que, al estar aliada con España en la contienda europea contra Napoleón Bonaparte, aconsejaba mantener el reconocimiento formal del rey cautivo. Como reflejo de esta política de moderación, el gobierno ordenó a Manuel Belgrano guardar la bandera celeste y blanca que este había enarbolado y presentado a las tropas el 27 de febrero de 1812 a orillas del Río Paraná.

En el terreno militar y estratégico, el ejecutivo adoptó una posición predominantemente defensiva. Frente al avance sobre la Banda Oriental de las fuerzas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve en apoyo a los realistas acuartelados en Montevideo, el Triunvirato optó por entablar negociaciones. Esta iniciativa culminó el 20 de octubre de 1811 con la firma de un armisticio con el virrey Francisco Javier de Elío, mediante el cual se levantó el sitio de Montevideo. El acuerdo estipulaba que tanto el ejército porteño como las tropas portuguesas debían evacuar el territorio oriental, dejando dicha zona —junto con los pueblos entre rianos de Gualeguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay— bajo la jurisdicción y dominio español.

En el frente septentrional, el panorama militar resultaba igualmente crítico. Ante la amenaza de un eventual despliegue de las tropas realistas desde el norte, el Triunvirato instruyó a Manuel Belgrano para que replegara sus fuerzas hasta la provincia de Córdoba. Esta directiva implicaba el abandono absoluto de la provincia de Salta, cuya jurisdicción territorial de la época abarcaba las actuales provincias de Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca.

Oposición Política, Represión Interna y la Figura de Álzaga

Las decisiones diplomáticas y territoriales adoptadas por el Triunvirato derivaron en un profundo rechazo por parte de diversos sectores continentales. El principal caudillo de los gauchos orientales, José Gervasio Artigas, se negó a acatar los términos del armisticio suscrito con las autoridades realistas. En consecuencia, se retiró hacia el Campamento de Ayuí secundado por una nutrida masa de población, en una gesta colectiva que pasó a la historia con el nombre de el éxodo del pueblo oriental.

En el plano interno, la tensión política llegó a su punto más alto a mediados de 1812. El 1 de julio de ese año, el ministro Bernardino Rivadavia anunció el descubrimiento de una conspiración de origen español orientada a derrocar al gobierno. La investigación oficial, conducida a partir de testimonios y confesiones de dudosa validez probatoria, extendió las acusaciones hacia la figura de Martín de Álzaga, reconocido comerciante y héroe civil de la resistencia porteña durante las invasiones inglesas, involucrando a una numerosa nómina de presuntos colaboradores hispánicos.

Martín de Álzaga y sus supuestos complotados fueron sometidos a un juicio criminal de carácter secreto y sumarísimo. Las condenas a muerte se ejecutaron de manera vertiginosa a partir del 4 de julio de 1812, resultando fusilados e ajusticiados más de treinta individuos, entre los que figuraban jefes militares, religiosos y comerciantes, a la vez que sus patrimonios fueron expropiados por el Estado. Diversas interpretaciones historiográficas ponen en duda la veracidad de la conspiración, sugiriendo que la inclusión de Martín de Álzaga entre los reos pudo haber respondido a una venganza de carácter personal ejecutada por Bernardino Rivadavia a raíz de afrentas pasadas.

La Influencia de la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica

El escenario político del Río de la Plata se transformó radicalmente con la llegada a Buenos Aires, en marzo de 1812, de un grupo de jóvenes oficiales rioplatenses que habían combatido en el ejército español contra la ocupación napoleónica. Estos militares, que venían con el propósito expreso de luchar por la independencia hispanoamericana, se hallaban vinculados a las sociedades secretas de corte liberal que operaban en el continente europeo bajo la órbita de la Gran Unión Americana, fundada en Londres por Francisco de Miranda. A su arribo, el Triunvirato resolvió incorporarlos a la estructura del ejército regular reconociéndoles sus respectivos grados militares.

Entre estos oficiales destacaban José de San Martín, a quien la dirigencia confió la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, y Carlos María de Alvear, miembro de una influyente familia de la élite porteña. Poco tiempo después de su instalación, estos jefes promovieron la fundación de una logia secreta denominada Logia Lautaro. Esta organización fijó entre sus metas fundamentales la proclamación de la independencia, la sanción de una constitución orgánica para América, la consolidación de la unidad política y militar del movimiento revolucionario y el diseño de una estrategia bélica integral contra el poder realista.

La Logia Lautaro estableció su sede matriz en la ciudad de Buenos Aires, teniendo como presidente a Carlos María de Alvear y como vicepresidente a José de San Martín, además de constituir filiales en las provincias del interior. Sus integrantes se trataban internamente con la denominación de hermanos, empleaban un código reservado para sus comunicaciones y asumían el compromiso de consultar las decisiones gubernamentales con la logia en caso de ser investidos con cargos públicos. La estructura sumó prontamente a destacadas figuras del ideario emancipador, entre las que sobresalía Bernardo de Monteagudo, referente fundamental de la Sociedad Patriótica.

Por su parte, los jóvenes nucleados en la Sociedad Patriótica —quienes en un comienzo habían brindado su respaldo al Triunvirato— comenzaron a adoptar una postura marcadamente crítica frente a la gestión oficial. A través de la publicación de diversos periódicos, este grupo demandaba de manera insistente la convocatoria a un congreso general y la inmediata declaración de la independencia. Con el transcurso de los meses, la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica convergieron en una alianza táctica de oposición al ejecutivo.

La Revolución del 8 de Octubre de 1812 y la Caída del Gobierno

La capacidad de acción del Primer Triunvirato se vio progresivamente desgastada por la multiplicación de las disputas por el poder. Si bien la facción afín al ideario de Mariano Moreno logró en un principio neutralizar la influencia de sus adversarios conservadores, las reyertas internas y el constante peligro de una incursión militar desde el Brasil portugués terminaron por minar las bases de su autoridad.

El factor determinante que precipito la crisis final del gobierno fue de carácter militar. A comienzos de octubre de 1812, arribó a Buenos Aires la noticia de que el general Manuel Belgrano, al mando del Ejército del Norte, había desobedecido las órdenes expresas de repliegue impartidas por el Triunvirato y enfrentado con éxito a las fuerzas realistas en la Batalla de Tucumán. La victoria de las armas patriotas desarticuló de forma definitiva el menguado prestigio político que le quedaba al ejecutivo.

Ante esta coyuntura, José de San Martín, la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica coincidieron en la urgencia de priorizar la estructuración de un Ejército Libertador y la pronta proclamación de la independencia. La logia procuró incidir por las vías institucionales impulsando la candidatura de Bernardo de Monteagudo para la renovación periódica de los vocales del Triunvirato, programada para octubre de 1812. No obstante, el gobierno maniobró para lograr el rechazo de la postulación de Bernardo de Monteagudo y asegurar la elección de Pedro Medrano, un hombre cercano a la facción de Bernardino Rivadavia, garantizando así la continuidad del esquema dominante.

Al constatar que los canales políticos se hallaban clausurados, la oposición resolvió recurrir a la fuerza y ejecutó la Revolución del 8 de octubre de 1812. Durante la madrugada de esa jornada, la Logia Lautaro movilizó tropas hacia la Plaza de Mayo, destacándose el despliegue del Regimiento de Granaderos a Caballo al mando de José de San Martín y del Batallón de Arribeños bajo la jefatura de Francisco Ortiz de Ocampo. De manera coordinada, la Sociedad Patriótica promovió la presentación de peticiones públicas y la concentración de vecinos en la plaza. Tras breves titubeos, los miembros del Primer Triunvirato presentaron su renuncia, permitiendo que el Cabildo de Buenos Aires procediera a la conformación del Segundo Triunvirato, un nuevo ejecutivo en perfecta sintonía con las directivas de la Logia Lautaro cuya elección fue ratificada por la ciudadanía.

Resumen

El Primer Triunvirato ejerció el poder ejecutivo en las Provincias Unidas del Río de la Plata entre septiembre de 1811 y octubre de 1812, habiendo surgido tras el desplazamiento de la Junta Grande con el objetivo de concentrar la toma de decisiones en la capital porteña. A lo largo de su mandato, la administración conducida por Feliciano Antonio Chiclana, Manuel de Sarratea, Juan José Paso y posteriormente Juan Martín de Pueyrredón, junto a la destacada influencia de su secretario Bernardino Rivadavia, se caracterizó por la imposición de un esquema político marcadamente centralista. Esto se evidenció en la disolución de la Junta Conservadora, la derogación del Reglamento Orgánico, la sanción del Estatuto Provisional y la eliminación de las juntas provinciales para reemplazarlas por gobernadores delegados porteños.

En el plano institucional y civil, el gobierno implementó medidas de significación como la libertad de prensa, la prohibición de la trata de esclavos, la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo y la fundación de la Comisión de Inmigración. Sin embargo, en la esfera estratégica y diplomática, el Triunvirato sostuvo una postura cautelosa de aparente fidelidad a Fernando VII, postergando la independencia, firmando un armisticio contestado por José Gervasio Artigas que entregó la Banda Oriental al enemigo, e instruyendo un repliegue militar hacia el centro del país. Asimismo, el régimen reprimió con dureza el Motín de las Trenzas y juzgó de manera sumarísima a Martín de Álzaga y a sus seguidores tras el develamiento de una presunta conspiración.

El descontento provocado por las medidas defensivas, sumado a la victoria de Manuel Belgrano en la Batalla de Tucumán tras desobedecer las órdenes de retirada, terminó por minar la legitimidad del ejecutivo. La alianza estratégica entre la Logia Lautaro —encabezada por José de San Martín y Carlos María de Alvear— y la Sociedad Patriótica de Bernardo de Monteagudo desembocó en la Revolución del 8 de octubre de 1812. La ocupación militar y civil de la Plaza de Mayo forzó la dimisión de las autoridades y dio paso a la instauración del Segundo Triunvirato, marcando el inicio de un período decididamente volcado hacia la emancipación e independencia de la región.

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Preguntas & Respuestas (FAQ)

¿Qué fue el Primer Triunvirato?
Fue un órgano ejecutivo integrado por tres miembros que gobernó las Provincias Unidas del Río de la Plata entre el 23 de septiembre de 1811 y el 8 de octubre de 1812.
¿Quiénes integraron el Primer Triunvirato?
Estuvo compuesto inicialmente por Feliciano Antonio Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso, siendo este último reemplazado en abril de 1812 por Juan Martín de Pueyrredón.
¿Por qué se creó el Primer Triunvirato?
Surgió tras el debilitamiento de la Junta Grande y la presión del Cabildo de Buenos Aires para concentrar el mando en un poder ejecutivo centralizado e inoperante frente a la guerra.
¿Qué rol tuvo Bernardino Rivadavia en este gobierno?
Se desempeñó como secretario de Gobierno y ejerció una fuerte influencia en las decisiones centralistas y defensivas del Triunvirato.
¿Cómo y por qué cayó el Primer Triunvirato?
Fue derrocado el 8 de octubre de 1812 mediante un golpe de Estado impulsado por la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica tras la victoria de Belgrano en Tucumán y la falta de avance independentista.

Redacción del artículo

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Cohen, M.E. (2025). Primer Triunvirato. HISTORIA ARGENTINA. https://historiaargentina.org/primer-triunvirato/

Cohen, María Elena. “Primer Triunvirato.” HISTORIA ARGENTINA, 2025, https://historiaargentina.org/primer-triunvirato/

Cohen, María Elena. “Primer Triunvirato.” HISTORIA ARGENTINA. Publicado el 13 de septiembre de 2025. https://historiaargentina.org/primer-triunvirato/

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Bibliografía

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  • Ternavasio, Marcela. Gobernar la Revolución: Poderes en disputa en el Río de la Plata (1810-1816). Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2007.
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  • Sierra, Vicente D. Historia de la Argentina. Buenos Aires: Editorial Garriga, 1973.
  • Lozier Almazán, Bernardo. Martín de Álzaga: Historia de una intriga. Buenos Aires: Editorial Ciudad Argentina, 1998.

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Publicado por historiaargentina.org el 13 de septiembre de 2025. El titular ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA). Esta licencia permite a otros remezclar, adaptar y construir sobre este contenido de forma no comercial, siempre que den crédito al autor y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Al publicar en la web se debe incluir un hipervínculo a la URL fuente original.

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María Elena Cohen

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