Primeros gobiernos patrios de Argentina

14/08/2026 · Actualizado: 19/08/2026

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Primera Junta
family-tree Junta Grande
Primer Triunvirato
Segundo Triunvirato Directorio Supremo

El periodo comprendido entre el estallido de la Revolución de Mayo de 1810 y el colapso del proyecto constitucional de Bernardino Rivadavia en 1827 constituye una etapa decisiva en el proceso de formación del Estado nacional en las Provincias Unidas del Río de la Plata. Durante estos diecisiete años, las élites políticas formadas al amparo del orden colonial e influenciadas por el pensamiento ilustrado atlántico ensayaron diversas fórmulas ejecutivas y colegiadas con el propósito de reemplazar la autoridad monárquica de la Corona española. Este trayecto institucional, signado por una constante oscilación entre la concentración del poder y la desconcentración representativa, se desplegó en un escenario atravesado por las exigencias financieras y operativas de las guerras de independencia contra el bando realista y por crecientes tensiones regionales relativas a la soberanía y la organización territorial del espacio exvirreinal.

La sucesión de ejecutivos locales —desde la Primera Junta de gobierno colegiada hasta las magistraturas unipersonales de los Directores Supremos y la efímera Presidencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata— reflejó profundos enfrentamientos ideológicos e intereses socioeconómicos contrapuestos. Las disputas entre las tendencias centralistas de la ciudad de Buenos Aires y las aspiraciones autonomistas del interior no solo condicionaron la estabilidad de estos cuerpos de gobierno, sino que también retrasaron la sanción de un ordenamiento constitucional duradero y condujeron a prolongados conflictos civiles. El análisis historiográfico de estos primeros ejecutivos patrios permite comprender la complejidad teórica y sociopolítica que implicó desmantelar el sistema absolutista para edificar una ingeniería institucional republicana, representativa y federal en América del Sur.

Contenido

Antecedentes virreinales y el colapso del orden absolutista (1806-1810)

La génesis de los ejecutivos patrios en el Río de la Plata se halla indisociablemente ligada a la crisis estructural del Imperio español acaecida a comienzos del siglo XIX. Un antecedente fundamental en este proceso fueron las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, las cuales desarticularon la autoridad del virrey Rafael de Sobremonte tras su huida frente al avance británico en Buenos Aires. La militarización urbana subsiguiente, cristalizada en la creación de milicias locales como el Regimiento de Patricios, otorgó un rol político inédito a la élite criolla y al estamento militar porteño. Paralelamente, la cabida institucional otorgada al Cabildo de Buenos Aires para destituir al virrey nominal y nombrar a Santiago de Liniers como autoridad militar sentó un precedente clave de reasunción local de la soberanía.

La causa desencadenante del cambio institucional definitivo sobrevino en Europa con la invasión napoleónica a la Península Ibérica, las abdicaciones de Bayona en 1808 y la subsiguiente captura del rey Fernando VII. La formación de la Junta Suprema Central en la metrópoli intentó suplir el vacío de poder, pero la caída de esta última ante las fuerzas del Primer Imperio Francés a comienzos de 1810 desarticuló la legitimidad del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Ante la difusión de las noticias en la capital virreinal, los líderes criollos exigieron la convocatoria a un Cabildo Abierto para debatir la retroversión de la soberanía al pueblo, principio jurídico de tradición hispánica y del derecho natural que justificó la remoción de las autoridades delegadas por la Corona.

La Primera Junta de Gobierno y los primeros debates sobre la representación (1810)

El 25 de mayo de 1810 se constituyó en Buenos Aires la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII, conocida posteriormente por la historiografía como la Primera Junta. Presidida por el comandante de milicias Cornelio Saavedra e integrada por los secretarios Mariano Moreno y Juan José Paso, junto con seis vocales representativos de los estamentos locales, la junta representó el primer ensayo de gobierno colegiado patrio. Aunque formalmente mantuvo la hipótesis de fidelidad al monarca cautivo mediante la denominada "máscara de Fernando VII", en la práctica ejecutó medidas destinadas a consolidar la autonomía política, la libertad de comercio y el control burocrático sobre las dependencias del antiguo virreinato.

Dentro del seno de la Primera Junta emergieron tempranamente dos posturas políticas divergentes respecto a la velocidad y radicalidad del proceso revolucionario. La facción conducida por Mariano Moreno promovía la adopción de medidas draconianas para erradicar el poder realista, la promulgación de un orden constitucional de inspiración republicana democrática y una ruptura explícita con el régimen metropolitano. Por su parte, la corriente moderada alineada con Cornelio Saavedra abogaba por una transición cautelosa que permitiese sumar el consenso de los sectores conservadores porteños y de las ciudades del interior sin precipitar fracturas diplomáticas externas o agitaciones sociales internas.

Las urgencias estratégicas obligaron a la Primera Junta a desplegar campañas militares hacia el Alto Perú, el Paraguay y la Banda Oriental con el fin de subordinar las gobernaciones e intendencias desafectas a la autoridad del nuevo gobierno porteño. Asimismo, para legitimar su jurisdicción sobre todo el espacio virreinal, el cuerpo ejecutivo emitió una circular invitando a los cabildos del interior a enviar diputados a la capital. Esta convocatoria desató un debate dogmático de trascendencia sobre la naturaleza del poder colegiado y las dinámicas representativas entre la ciudad capital y las provincias.

La Junta Grande y la irrupción de las tensiones provinciales (1810-1811)

A finales de diciembre de 1810, los diputados de las provincias arribados a Buenos Aires exigieron su incorporación formal al poder ejecutivo central en lugar de constituir un cuerpo legislativo independiente, tal como contemplaba el diseño inicial de Mariano Moreno. La integración de estos representantes dio origen a la Junta Grande, un órgano de amplia representación territorial que acentuó el aislamiento ideológico de la facción morenista y derivó en la renuncia y posterior deceso de su principal referente. El nuevo cuerpo colegiado buscó atenuar las desconfianzas del interior mediante la creación de Juntas Provinciales en las capitales de intendencia, intentando conciliar el mando centralizado con las demandas de autonomía local.

Aprovechando el descrédito de la Junta Grande y la ausencia militar de Cornelio Saavedra, quien había partido hacia el norte para reorganizar las fuerzas patrias, el Cabildo de Buenos Aires propició una reorganización del poder ejecutivo. Mediante un movimiento institucional apoyado por las fuerzas milicianas de la capital, se resolvió concentrar las funciones gubernativas en un número reducido de personas, desplazando a los diputados provinciales a un rol secundario de carácter consultivo a través de la Junta Conservadora de la Soberanía.

La gestión de la Junta Grande enfrentó severos obstáculos derivados de la complejidad intrínseca de la toma de decisiones en un órgano numeroso y fracturado internamente. Los reveces bélicos sufridos por las expediciones militares, como la derrota en la Batalla de Huaqui a mediados de 1811 que provocó la pérdida del Alto Perú, minaron la autoridad política del ejecutivo y exacerbaron la oposición de la élite porteña. Los sectores urbanos de Buenos Aires recriminaban al gobierno colegiado su ineficacia para articular respuestas rápidas ante las emergencias bélicas y las presiones de la escuadra naval española asentada en Montevideo.

El Primer y Segundo Triunvirato: la concentración del ejecutivo (1811-1814)

En septiembre de 1811 asumió el Primer Triunvirato, conformado inicialmente por Feliciano Antonio Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso, asistidos por Bernardino Rivadavia como uno de sus secretarios con creciente influencia política. Este nuevo formato ejecutivo reflejó una marcada centralización en favor de los intereses de la burguesía comercial porteña y la priorización de la eficiencia administrativa por sobre las aspiraciones de representatividad provincial. El Primer Triunvirato disolvió la Junta Conservadora tras el rechazo del Reglamento Orgánico de 1811, instaurando un régimen de marcada tendencia autoritaria que gobernó mediante decretos y ejerció un severo control sobre las libertades públicas y la oposición política.

El descontento con la política represiva y moderada del Primer Triunvirato —evidenciada en las órdenes dictadas a Manuel Belgrano de replegar el Ejército del Norte hasta Córdoba— desencadenó la revolución del 8 de octubre de 1812. Encabezado por el Regimiento de Granaderos a Caballo bajo el mando de José de San Martín, la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica, este movimiento forzó la destitución del ejecutivo y la instalación del Segundo Triunvirato. Compuesto por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte, el nuevo gobierno tuvo como objetivo estratégico la rápida consolidación de la independencia y la sanción de un orden constitucional.

Bajo la supervisión del Segundo Triunvirato se convocó la Asamblea General Constituyente del Año XIII, órgano representativo que adoptó atribuciones soberanas. Aunque el cuerpo legislativo no logró proclamar la independencia ni sancionar una constitución debido a los condicionamientos diplomáticos de la Restauración Europea y a las divergencias internas, implementó reformas institucionales de vasta gravitación: abolió la Inquisición, derogó los títulos de nobleza, declaró la libertad de vientres, suprimió la mita y el yanaconazgo, y fijó los símbolos patrios nacionales. Asimismo, la Asamblea del Año XIII reestructuró la organización del Estado mediante la sustitución del cuerpo triunviral por una magistratura unipersonal de carácter ejecutivo.

El Directorio Supremo y las guerras por la independencia (1814-1820)

En enero de 1814 se instituyó el Directorio Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, una magistratura ejecutiva unipersonal que buscaba dotar al mando civil y militar de una celeridad absoluta para afrontar los desafíos de las guerras de emancipación. El primer Director Supremo fue Gervasio Antonio de Posadas, sucedido por su sobrino Carlos María de Alvear. Este último promovió un modelo polémico de fuerte centralismo político, el cual derivó en la sublevación del ejército en Arequito en 1815 y en su inmediata destitución, desencadenando la caída de la Asamblea del Año XIII y una profunda crisis de legitimidad en las estructuras del poder porteño.

La necesidad imperiosa de reordenar la administración y recomponer el pacto implícito con las provincias condujo a la convocatoria del Congreso de Tucumán en 1816. Bajo el mandato del Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, el congreso declaró formalmente la Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica el 9 de julio de 1816. Juan Martín de Pueyrredón sostuvo una alianza estratégica con José de San Martín, brindando el respaldo financiero y logístico de la capital para la conformación del Ejército de los Andes y la consecuente ejecución de la campaña libertadora hacia la Capitanía General de Chile y el Virreinato del Perú.

No obstante los triunfos internacionales en la contienda emancipadora, la estabilidad interior del Directorio se vio seriamente mermada por el enfrentamiento con la Liga de los Pueblos Libres, encabezada por José Gervasio Artigas en la Banda Oriental, la Provincia de Entre Ríos, la Provincia de Corrientes y la Provincia de Santa Fe. El sesgo unitario de la Constitución de 1819, promovida por el congreso bajo la gestión del Director Supremo José Rondeau, catalizó la insurrección bélica de los caudillos federales Estanislao López y Francisco Ramírez. La consiguiente Batalla de Cepeda en febrero de 1820 concluyó con la derrota de las tropas porteñas, la disolución del Directorio Supremo y del Congreso Nacional, y la eclosión de la denominada Anarquía del Año XX, caracterizada por la desaparición definitiva de todo poder central soberano sobre el territorio del antiguo virreinato.

La experiencia bonaerense y la impronta reformista rivadaviana (1820-1824)

Tras el colapso del orden centralista en 1820, las Provincias Unidas ingresaron en un periodo de fragmentación institucional en el cual cada territorio provincial asumió de forma plena su soberanía interna y celebró pactos interprovinciales como el Tratado del Pilar y el Tratado de Benegas. En la Provincia de Buenos Aires, la asunción de Martín Rodríguez como gobernador en septiembre de 1820 inauguró la etapa conocida historiográficamente como la "Feliz Experiencia. Durante este periodo, la provincia concentró sus ingresos fiscales derivados de la Aduana de Buenos Aires en su propia modernización institucional, desentendiéndose temporalmente del financiamiento militar de las fronteras nacionales o de la recomposición acelerada de un ejecutivo central.

El verdadero artífice de las transformaciones estructurales de esta época fue su Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, Bernardino Rivadavia. Influenciado por el utilitarismo de Jeremy Bentham y el pensamiento liberal ilustrado francés, Bernardino Rivadavia impulsó un vasto plan reformista que abarcó los campos político, religioso, militar, financiero y educativo. Entre las medidas institucionales más destacadas figuraron la sanción de la Ley Electoral de 1821 —que consagró el sufragio universal masculino directo en el ámbito provincial—, la disolución del Cabildo de Buenos Aires como corporación colonial de gobierno, y la supresión de los fueros eclesiásticos mediante la Ley de Reforma del Clero.

En el ámbito fiscal y financiero, el equipo gubernamental de la provincia dictó la Ley de Enfiteusis, que prohibía la venta de las tierras públicas para colocarlas como garantía del préstamo contratado en Londres con la firma Baring Brothers, permitiendo su arrendamiento a largo plazo a particulares. Paralelamente, en el campo educacional y cultural, la administración promovió la fundación de la Universidad de Buenos Aires en 1821, la reorganización del sistema primario y la expansión de la prensa periódica. Este modelo modernizador convirtió a la élite porteña en la principal promotora de un nuevo intento de unificación nacional bajo premisas marcadamente librecambistas y centralistas.

El Congreso General de 1824 y la Presidencia de Rivadavia (1826-1827)

El estallido inminente de la Guerra del Brasil a causa de la reincorporación de la Banda Oriental a las Provincias Unidas tras la expedición de los Treinta y Tres Orientales reactivó de forma apremiante la necesidad de estructurar un ejecutivo de carácter nacional. A finales de 1824 se instaló en la capital el Congreso General de 1824, el cual sancionó inicialmente la Ley Fundamental, reafirmando la soberanía transitoria de las provincias hasta la sanción de una nueva carta magna y delegando en la Provincia de Buenos Aires el manejo de los negocios extranjeros del conjunto de la confederación.

Sin embargo, ante el avance de las operaciones militares en el teatro de operaciones del río de la Plata y la necesidad de financiamiento unificado, la mayoría centralista del congreso aceleró los plazos institucionales. En febrero de 1826, el órgano legislativo sancionó la Ley de Presidencia, que formalizó la creación del cargo de Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, designando para dicha magistratura a Bernardino Rivadavia. La gestión del nuevo mandatario se vio sumergida de inmediato en una extrema controversia política debido al impulso dado a la Ley de Capitalización, la cual federalizaba la ciudad de Buenos Aires, expropiaba la Aduana a favor de la Nación y suprimía las instituciones de la propia provincia de Buenos Aires.

El punto cúlmine de la oposición provincial sobrevino con la sanción de la Constitución Argentina de 1826. Este texto legal consagraba un diseño orgánico profundamente unitario y aristocrático que otorgaba al presidente la facultad de designar a los gobernadores provinciales con la aprobación del Senado. El rechazo unánime de las provincias del interior y del litoral hacia el texto constitucional, sumado al descontento público por las gestiones diplomáticas del enviado Manuel José García, quien firmó una convención preliminar de paz desfavorable con el Imperio del Brasil, desarticuló la gobernabilidad del régimen. En junio de 1827, carente de apoyos políticos y militares, Bernardino Rivadavia presentó su renuncia ante el Congreso, provocando la disolución de la presidencia nacional, la caducidad del ordenamiento constitucional recien redactado y la consecuente restitución de las autonomías provinciales bajo el liderazgo emergente de los caudillos federales.

Resumen

El periodo correspondiente a los primeros gobiernos patrios en el Río de la Plata se caracterizó por la incesante búsqueda de una estructura institucional capaz de reemplazar legítimamente al régimen virreinal español. Desde la conformación de la Primera Junta y la Junta Grande en 1810, pasando por las experiencias de concentración ejecutiva en el Primer Triunvirato, el Segundo Triunvirato y las diversas gestiones del Directorio Supremo, el proceso revolucionario osciló entre modelos colegiados y magistraturas unipersonales. Este accidentado recorrido estuvo fuertemente condicionado por las demandas presupuestarias y bélicas de las guerras de emancipación, las corrientes ideológicas europeas en boga y, de manera crucial, el antagonismo latente entre el centralismo impulsado por las élites de la ciudad de Buenos Aires y el ideario autonomista proyectado por las provincias del interior y del litoral.

La disolución del poder central en la Batalla de Cepeda de 1820 derivó en una década de desarrollo de autonomías provinciales, en cuyo contexto la administración de la provincia de Buenos Aires ensayó reformas de corte liberal y modernizador. La posterior reactivación del proyecto de organización unificada a través del Congreso General de 1824 derivó en la creación de la Presidencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata ejercida por Bernardino Rivadavia. Sin embargo, la sanción de la Constitución de 1826 de carácter unitario, la federalización forzada del territorio bonaerense y el desencuentro diplomático en el marco de la Guerra del Brasil desencadenaron la renuncia del presidente y la desintegración de las autoridades nacionales. Este desenlace sepultó transitoriamente el proyecto constitucional centralista y consolidó un sistema de confederación atomizado que perduraría hasta mediados del siglo XIX.

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Redacción, (2026). Primeros gobiernos patrios de Argentina. HISTORIA ARGENTINA. https://historiaargentina.org/primeros-gobiernos-patrios/

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Redacción, . “Primeros gobiernos patrios de Argentina.” HISTORIA ARGENTINA. Publicado el 14 de agosto de 2026. https://historiaargentina.org/primeros-gobiernos-patrios/

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Publicado por historiaargentina.org el 14 de agosto de 2026. El titular ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA). Esta licencia permite a otros remezclar, adaptar y construir sobre este contenido de forma no comercial, siempre que den crédito al autor y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Al publicar en la web se debe incluir un hipervínculo a la URL fuente original.

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